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Una pareja de pacifistas de California ha convocado a toda la humanidad para “un orgasmo global por la paz”. Porque no importa si los países andan repletos de armas atómicas, ni el odio que se respira en cada esquina de Oriente Medio, ni el hambre que asola tantos lugares de la Tierra, ni nada de nada si uno puede echar un buen polvo. Y con el morbo añadido de saber que todos tus vecinos están ahí, dándole también al mambo. Eso sí, esta llamada al amor, en su estado más carnal, presenta ciertos inconvenientes. Porque, ¿y si para conseguir no faltar a la cita con la paz tiene uno que levantarse a las cuatro de la mañana por aquello del desfase horario? En plan: “María, despierta, que en California acaban de empezar con lo del polvo global”. Además, el exceso de energía positiva podría sobrecargar el planeta y hacer que se salga de su órbita. Que el mundo no está acostumbrado a tanto buen rollo, así, de golpe. Pero bueno, todo sea por la causa… Eso sí, según los dos pacifistas, lo realmente interesante de todo este asunto es que, tras el orgasmo, entraremos colectivamente en una especie de estado similar a la meditación. Vamos, que se nos quedará la mente en blanco, vacía de ideas. Menuda chorrada… si bastase con eso, los políticos ya habrían cambiado el mundo hace mucho tiempo…

Menos mal que en Navidades tenemos todos los ingredientes para hacer realidad tan impresionante metamorfosis. Nada mejor que unas luces navideñas, en funcionamiento desde un mes antes, para recordar a nuestros seres queridos y demostrarle todo nuestro amor a través de costosos regalos que nos vemos obligados a pagar porque ¡es Navidad! Nada como sentarnos todos a la mesa a comer en 45 minutos lo que no comemos a lo largo del año por cuidar nuestra sufrida figura. Y todo esto lo engullimos por que ¡es Navidad! Nada como sentarte en el sofá después de una dura y larga jornada de trabajo y tragarte 20 minutos de anuncios sexistas de perfumes o absurdos juguetes. Y no cambiamos de canal porque ¡es Navidad! (y porque, casi con toda probabilidad, nos encontraremos los mismos anuncios en cualquier cadena). Yo no sé que opinan ustedes, pero a mí, la Navidad, hace tiempo que dejó de emocionarme para provocarme las mismas sensaciones nauseabundas que me producen la hipocresía y la intolerancia. Como dice el anuncio de la lotería: Es lo que toca. Toca gastar sin mesura, toca acordarnos de los niños pobres del tercer mundo durante un mes para luego olvidarlos, toca saludar y desear un año próspero a quien pisoteamos durante 364 días, toca engullir el doble mientras muchos siguen echarse nada caliente en el cuerpo. ¡Es lo que toca!.