La Kodorniz humor gráfico

JRMora Humor gráfico muebles de cocina fans en facebook Romeo Octav Chiritou Comprar VPN cursos reiki madrid becas mec Opinión y noticias, periodismo Bingo online Alquile este espacio por: €/mes Ver futbol gratis. Alquile este espacio por: €/mes seguro de vida Alquile este espacio por: €/mes diseño de paginas web Alquile este espacio por: €/mes Hosting México Alquile este espacio por: €/mes Escultura, obra propia, encargos, moldes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Curso de Reiki Dentistas en embajadores, Madrid Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes dietas para adelgazar Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes

Puede durar unas horas, el tiempo antes de tomarte dos cafés, o quedarse para siempre en tu vida. Si sucede esto último estás lista. A partir de ese momento te acompañará al trabajo todos los días, se colará en los saludos de rigor alicaídos que repartas, aliñará el menú del día del restaurante entre el segundo plato y el postre. Incluso saldrá contigo por la noche y cortará posibles relaciones a esa hora en que la madrugada ya está hecha para dormir o morir en el intento. Será, lo quieras o no, tu compañera de viaje. Porque ni siquiera te la podrás quitar de encima, como se apartan los amigos gorrones o los moscones de bar. Forma parte de ti y es imposible arrancarte un trozo de ti misma. Al menos sin sangrar, claro. Y olvídate de acudir a un médico o un farmacéutico. Ellos no sabrán lo que te pasa. No te verán nada, se preocuparán y te recetarán pruebas y medicamentos. La mitad, ya te lo aviso, efectos secundarios, ni siquiera irás a hacerlos o se te olvidará tomarlos. Los psicólogos querrán acercarse y pensarán que lo han conseguido. Te dirán que sufres depresión y te animarán a descansar y ser optimista. No sabes entonces que el descanso la engorda, la hace más grande, más frondosa. Ni el cine con amigos ni las cenas tranquilas te sacan de casa. Ni el carné de conducir, ni renovar el DNI ni el cursillo ese de inglés que siempre dijiste que harías. Todo pasa delante de tus ojos, en tu propia casa, mientras ella lo conduce a la puerta y lo echa de tu vida. Se lo agradecerás, sin ver que cada vez el sillón lo ocupa más ella y menos tú. Cuestión de tiempo será que alcances el punto más alto en la escala zen: te conviertes casi en un mueble, te alimentas para seguir adelante, te encierras en tu capullo y ni meditas. Lograste vivir bajo mínimos, sin necesitar nada, sin querer nada. Lo que para millones de personas es una aspiración vital, tú lo tienes por todo lo contrario. Y sólo un día, vete a saber por qué, tal vez una ráfaga de aire, tal vez una neurona inquieta, te despiertas, enciendes el ordenador, y antes de que ella despierte también, escribes un artículo para La Kodorniz que debías haber entregado hace tres días. La angustia por la mala conciencia, afortunadamente, es pasajera. Pronto se la come también la pereza.