lengua sirve realmente para algo a la hora de comunicarse.
Mientras se resuelve este dilema de si deberíamos prescindir completamente o no de un instrumento tan poco preciso, no queda otra que ir explicando todos estos idiotismos e idiomatimos, inventados por alguien a quien preferimos no calificar.
Empecemos por alguna de las más frecuentes, dando su verdadero significado y origen.
Echar pelillos a la mar = Aburrirse
En largas travesías, los marineros que no sabían hacer crucigramas se aburrían mucho. Para matar el tiempo, se distraían arrancándose pelillos de las piernas y echándolos al agua, lo que dio origen a esta expresión.
Tocarle a uno la china = Tener suerte
Es sabido que, cuando vas con algunos amigos a un club de carretera, hay que sortearse a las chicas. Pues bien: al que le toca la china es más afortunado, pues estas orientales saben de algunos trucos deliciosos, ignorados por sus homólogas colombianas o rumanas. Por eso se identifica este hecho con la suerte.
Poner la mano en el fuego = Ser cretino
Cuando alguien nos dice «Yo pongo la mano en el fuego», ya saben ustedes lo que podemos esperar de esa persona. A todos nos han dicho siempre nuestros padres que no pongamos la mano en el fuego, porque nos quemaremos. Aun así, algunos, pese a la advertencia, lo hacen y se queman. Por ello este acto se parangona con actitudes estúpidas.
Ser un mirlo blanco = Empeñarse en algo
El macho del mirlo es un pájaro negro y la hembra es más clara, de un color pardo. Cuando alguien se empeña en ser tan claro que llega a ser blanco (es decir: mucho más claro que la hembra), es que se empeña mucho y el significado es obvio.
Liar (a) los bártulos = Aprovecharse de alguien
Los bártulos eran los cinco hijos de Cayo Lucinio Bártulo, un patricio que estuvo en un tris de ser procónsul de la Galia y de Britania en tiempos de Tiberio. Eran cinco chicos alborotadores pero de buen corazón, que en su época se apuntaban a una lluvia de proyectiles de catapulta. Con un poco de insistencia podías liarles para que te ayudaran a pintar la villa o cualquier otra faena.
Atar cabos = Especializarse
Durante las guerras carlistas, a los prisioneros se les separaba por rangos. Algunos militares ataban y encadenaban a los oficiales de mayor graduación; otros atacan cabos; otros, soldados rasos. De ahí el término pasa a significar «ejercer una especialización».
Hacerse el sueco = Irse al paro
La expresión se basa en que en Suecia la jornada laboral es cortísima. El buen humor hispano dice que alguien se hace el sueco cuando no trabaja.
Llegar y besar el santo = Ser un obseso sexual
Se refiere a la gente que, vaya a donde vaya, sólo piensa en satisfacer las necesidades de la carne y no respeta ni a los mismísimos santos con los que eventualmente se encuentra.
Hacer buenas migas = Ganar dinero
Es bien sabido el auge que esta cogiendo el turismo gastronómico en nuestro país. En Internet se anuncian miles de restaurantes especializados en comidas étnicas o autóctonas o como se llamen. Pero todas son porquerías. Por ello, el cocinero que en su establecimiento hace verdaderamente buenas migas, se forra en muy poco tiempo.
Ser la monda = Estar buenorra
El término se debe a una actriz italiana, Giuseppinna Monda, chica de muy buen ver y famosa por haber intervenido en las primeras películas «porno» producidas en su país, así como por un jueguecito especial que hacía con varios instrumentos que prefiero no mencionar en aras del buen gusto.
(Espero que los lectores aprendan algo con todo esto, porque, de otra manera, sería un desperdicio de trabajo.)

mientan).
Sus autores son Andrés Barba y Javier Montes (para abreviar, Andrés Montes –“¡el porno puede ser maravilloso, Salinas!”-) y se van a embolsar ocho mil euros por revelar cómo se ha tratado en la Historia este género tan popular, desde el Marqués de Sade hasta Madonna pasando por ¡Santa Teresa! (y mi cuñado que no quiere ir a ver la película de Paz Vega…).
Después de continuos e infructuosos esfuerzos por parte del Ministerio de Cultura, creo que por fin hemos dado con la clave para fomentar la lectura entre el pueblo llano: sustituir el “Fútbol con Fatatas” del Andrés Montes antes citado por el “Porno con Pasta Dura”. Sí, lo sé, juntar “porno” con “dura” es tan obvio como mezclar “Cachuli” con “Alhaurín”, que parecen nombres de mascota. En cualquier caso, todo sea por la cultura.
El ensayo será un éxito de ventas seguro. Habrá colas por comprarlo… Colas… Otra obviedad… Y el día de San Jordi en Cataluña, junto con el libro, en vez de una rosa se regalará un preservativo… Con olor a rosas, entre los más tradicionales.
“Feliz día de San Jordi, mi amor…”
“Joé, Manolo, no podías ser más explícito; eres como un libro abierto…”
“Pues nada, lee, lee…”
Aunque, conociéndonos, también es seguro que más de uno se espera a que hagan la película. Lo cual tampoco es mala manera de fomentar la lectura pues, al fin y al cabo, convendrán conmigo en que los títulos de las películas porno son la versión adulta de los versos de Gloria Fuertes…
Si a estas alturas hasta Harry Potter triunfa en los teatros ingleses enseñando su varita mágica, no tengan miedo en comprar el libro y, sobre todo, en recomendárselo a sus propios hijos. Se lo agradecerán de por vida…
“¿Qué estás haciendo, cariño?”
“Leo un ensayo, mamá…”
“Uy, qué hijo más listo tengo. Y con una sola mano…”
“Calla, que me distraigo…”

ningún producto ni haya pagado por ningún servicio. Está claro que si no tienes ticket de compra no puedes reclamar nada. Pero yo insisto, me siento estafada, engañada y robada. El domingo me quitaron algo que todavía no me ha sido devuelto y que tendré que esperar hasta octubre para recuperarlo. ¡No hay derecho! Si te pasas en el consumo del agua, te penalizan. Si te dejas más luces encendidas de la cuenta, te llega el facturón descomunal. Si se te pega el teléfono a la oreja, y no eres del operador de la verdad verdadera, prepárate a temblar con la que te espera. Pero si el gobierno un país decide que hay que ahorrar y para ello te quitan una hora se sueño, te aguantas -por no decir algo peor- Desde el domingo, voy arrastrando los pies porque me falta mi hora de sueño, mi estómago anda al revés porque me falta mi hora de sueño, mi cabeza martillea mis sienes porque me falta una hora se sueño, no escucho el despertador por las mañanas porque me falta una hora de sueño. Y todo esto lo tengo que sufrir para ahorrar un irrisorio 4%.












