– Pues bacalao, ¿no lo ves? Pareces tonto – me contestó ella con su amabilidad acostumbrada.
– ¿Pero no te das cuenta de que nosotros no podemos hacer bacalao al pil-pil, so inconsciente? Nosotros somos de Segovia, de otra autonomía. Mira que te lo he dicho más de cien veces: nosotros somos de Castilla y León y no podemos hacer bacalao al pil-pil, pues lo que tienen derecho para hacerlo son los euskaldunes, que tienen montones de derechos históricos sobre ese guiso.
– Pues ahora me desayuno yo – dijo Eduviges, con la boca abierta.
Aquella mujer mía era el colmo de la irresponsabilidad.
– ¿Pero no ves que tenemos hijos pequeños, Eduviges?… Tú sabes que de alguna manera nos están vigilando y nos podemos encontrar con consecuencias amargas. El mes pasado se te metió en la cabeza hacer unas kokotxas de merluza… ¿y qué pasó, eh?
– ¿Qué pasó?
– Me lo habría callado para no alarmaros, pero recibí un anónimo en el casillero que decía: "Ramón López Sahagún, ¡pim, pam, pum!". ¡Y Ramón López Sahagún soy yo, rica!… Y luego ponía: "¡Kokotxas aberzales! ¡Aurrerá!"
– ¡Atiza!… — dijo mi señora, que por fin caía del guindo.
– Y no sólo eso – proseguí yo –. Al salir de casa me encontré en la tapia de enfrente con una pintada de una mirilla de metralleta con mi nombre dentro. Y al regresar de la oficina estaba una rata peluda ahorcada colgando del pomo de nuestra puerta…
– Ah, pues eso si que no – dijo mi mujer – A mí las ratas me dan mucho asco. ¡Ahora mismo me pongo a hacer callos!
Y se puso a hacer callos.







6:46 pm on April 9th, 2007
Qu
1:41 pm on September 21st, 2007
ESTA MUY BIEN EL ARTICULO, CON MAS SENTIDO DEL HUMOR NOS IR