Me llama la directora del colegio de mi hija porque se han dado cuenta de que no va a clase de religión, pese a demostrar una fe ciega en el ratoncito Pérez-Intxausti. «Este profundo sentimiento animista –me sugiere– puede ser canalizado hacia algún tipo de creencia que dirija su conciencia y, de paso, nos permita mantener en nómina al profesor de la asignatura, que es de lo que se trata».
La propuesta no me parece mal, pese a venir de una escuela laica, pero le aclaro que esa fe ratonil se fundamenta en el intercambio de dientes por regalos y no sé si a mi hija le quedarán suficientes dientes como para zambullirse en otro culto más ambicioso.
Me explica que no tiene por qué ser el catolicismo, que cuentan con un catálogo de religiones tan amplio que pueden satisfacer a cualquiera. Desde las más primitivas, que incluyen un taller de canibalismo; hasta las creencias ovni, con viaje de fin de curso a Gamínedes. Así a bote pronto descarto lo del canibalismo, porque a la niña no le sienta bien la carne blanca. Y en cuanto a lo de Gamínedes, no me parecerá un planeta de fiar hasta que algún banco instale allí alguna sucursal.
La directora insiste y me sugiere el budismo (en mi opinión incita a la obesidad), el druidismo (no creo que todas las pócimas sean legales), el vudú (mi hija ya lo practica con sus barbies), el hinduismo (¡ojo con la anorexia!) y la religión egipcia (no me parece muy didáctico que en las clases prácticas tengan que embalsamar a un compañero).
Al final, sin darse por vencida, saca a relucir a los mayas, una maravilla de religión si no fuera porque de vez en cuando tienes que ofrecer a tu hermano a los dioses sacándole el corazón con un cuchillo de obsidiana.
Para no alargar la conversación, le comento que ya tengo bastante con el euskera como para tener que enfrentarme ahora con el Código de Hamurabi, el Diccionario de runas, el Avesta, el Bhagavad Gita o el Bardo Thodol. Le doy permiso para que la matricule en la catequesis, a fin de cuentas, los diez mandamientos se funden en dos y eso es fácil de recordar. En cuanto al misterio de un Dios uno y trino, es mucho más fácil de comprender desde que existen las ofertas de Carrefour. Eso, siempre que no les obliguen a hacer un milagro a fin de curso. Que todo puede ser.







4:10 pm on March 17th, 2007
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