pequeños roedores es del 99,9%.
Estoy tocando el tambor junto a Otegi y Permach y cantando el Hare Batasuna cuando, de pronto, se oye una voz que dice:
–Aita, ¡quiero un hámster de angora!
––¿Qué? ¿Hámster? ¿Angora? ¿Quién es?, pregunto mientras intento acostumbrar mis ojos a la luz. El requerimiento suena de nuevo dentro de mi cabeza a través de los auriculares del locutorio. Ahora reconozco la voz de mi hija.
–Cariño, te he dicho muchas veces que no me llames al trabajo. Y menos a la hora de la siesta, que suelo entrar en estado alfa para pensar en la mejora continua de la empresa y en las sinergias aplicables a su rendimiento.
–Y que sea de color naranja.
–Pero tú sabes que no es posible. Recuerda lo que pasó con aquel hámster que te compré y al que llamaste Manolito, que luego resultó ser Manolita y una semana después se convirtió en el Premio Nacional de Natalidad Hamsterina 2005.
–Y con el pelo muy largo.
–Pero, ¿ya no recuerdas que, en contra de lo que pensamos, para los hámster el incesto no existe y al mes siguiente teníamos 32 corriendo por la casa? Además, ten en cuenta la preocupación que nos entra cuando a fuerza de comerse el sofá se ponen malitos y, como carecen de Seguridad Social, tenemos que llamar al veterinario del Igualatorio y pagar a tocateja sus medicinas. ¿Tú sabes cuánto cuesta eso? ¿Quieres que te lo traduzca a piruletas?
–Además quiero una jaula grande.
–Y cuando nos vayamos de veraneo, ¿qué hacemos? ¿Le dejamos en aquel hotel para gatos de donde ''se escaparon'' todos menos dos? Que menos mal que eran gays y habían sobrevivido al verano en plan ''Brokeback mountain'', porque si no, al llegar a casa, la cosa habría empezado de nuevo.
–Y que la jaula tenga muchos juegos para que se divierta.
–No, si ya conozco esas jaulas. Cuestan lo mismo que una segunda residencia en Benidorm. ¿Has olvidado que tuvimos que comprar una con dos compartimientos diferenciados cuando Pixie y Dixie decidieron separarse y a uno le dio por el gimnasio y los pilates para combatir la ansiedad y al otro tuvimos que pagarle un psicólogo conductista que le aconsejó que adoptara a dos perritos del Atlas, que al crecer se convirtieron en dos ratas almizcleras que se comieron los cables del equipo de música?
–¡Y lo quiero antes del domingo!
–Cariño, no sé. ¿No preferirías algo que no diera tanto trabajo, por ejemplo un hermanito?. ¿Eh?, ¿eh?…




8:04 pm on July 30th, 2007
y q tiene k ver eso con los juguetes del hamster angora??.y ademas eso de k lo kiere antes del domingo,