el llamado «The New Calendar of Great Men» [Nuevo calendario de los grandes hombres], basándose en las ideas de Auguste Comte y de un amigo suyo con el que iba a la bolera. Este libro no era sino un diario santoral, en el que se reemplazaban los nombres de los santos por el de aquellos científicos o artistas que hubieran contribuido al avance de la civilización. De esta manera, Gutemberg, Newton, Leonardo, Mozart o Shakespeare pasaron a ser los patrones protectores de algunos días concretos del año.
El problema planteado es que, como dice el adagio latino, «Quod longanizae diae multus est». O sea, que había jornadas dedicadas a sabios que tampoco sabemos quiénes son.
De esta manera, la cosa no tiene sentido.
No negaré que el laicismo tiene su aquel, pero si substituimos como patronos de un día a San Emerenciano, mártir, y Santa Eudivigis de Cinerea (de los que no sabemos nada) por los científicos —pongamos por caso— Johann Friedrich Volgenstain y Sir Nigel Arthur Tipps (de los que ignoramos todo) pues no hemos avanzado mucho. Y como dice el adagio latino (¿Cómo se nota que me he comprado un diccionario de citas, eh?) «Ipse transiti alforjae non est necesse.»
Así es que mi propuesta es adjudicar cada día del año a un patrón, sí. Pero a uno conocido verdaderamente.
¿Y qué criterio tenemos hoy en día para la fama? Pues es obvio: la «tele».
Sólo hay que poner a los becarios que realmente hacen la televisión (porque los ejecutivos con sueldos millonarios están en sus casas sentados, esperando que les llegue la transferencia mensual) a contar nombres y pronto podremos ufanarnos de este verdadero Santoral Popular, que será fiel reflejo del sentir de las gentes, del pueblo llano, que no vendrá impuesto por la elite religiosa ni por la científica.
Y diremos:
«El patrón de esta jornada es Marujita Díaz.»
«Hoy es el dia de Otegui.»
O bien:
«El jueves se celebra la festividad de Coto Matamoros.»
Mucho mejor, ¿no creen?



