a los que asaltaban al crepúsculo ya no tenían ni un ochavo.
José María sufría de insomnio y al amanecer ya estaba despertando a los suyos y poniéndose en marcha, con lo que le fue bien.
Luis Candelas
Éste, en cambio, trabajaba de noche. Era bastante cobardica, para qué nos vamos a engañar. Y como asaltar a pecho descubierto a alguien te ponía en riesgo de recibir un trabucazo por parte de algún viajero reacio a ser desplumado, el tal Candelas obraba con extrema precaución.
Armado de una vela entraba de noche en las posadas y arramblaba con lo que podía mientras todos dormían. Si el viajero tenía pinta de fornido, se limitaba a robarle las botas que, como olían generalmente mal, era costumbre dejarlas en el pasillo, junto a la puerta de la habitación.
El Pernales
De este famosísimo bandido nunca hemos podido saber ninguna particularidad. Así es que nos lo saltamos.
Robin Hood
Este señor se dedicó al bandidaje para poder ponerse medias verdes, cosa que le hacía pero que muchísima ilusión y que, viviendo en el pueblo de Sherwood y dedicándose al negocio familiar de la cría del champiñón, no hubiera podido hacer. Pero allí en el bosque era libre y a nadie le importaba lo que se pusiera, porque todos eran bastante raritos.
Es cierto que daba dinero a los pobres. Pero luego se arrepintió bastante, porque tanto él como Little John se encontraron viejos y sin nada que llevarse a la boca (alimenticio, se entiende).
Los siete niños de Écija
Marcados por la desgracia de ser de Écija, estos niños no tuvieron otra que echarse al monte. Pero su carrera fue difícil.
En primer lugar, era complicado que fueran puntuales y salir todos a tiempo de atracar a la diligencia. Siempre había alguno que se retrasaba.
Luego, cuando tres de ellos dejaron el negocio y montaron una alpargatería, los cuatro restantes se percataron de que, si no eran siete, no asustaban mucho. Así es que fabricaron tres monigotes de cartón-piedra y los ataron a tres caballos, para que les acompañaran en sus perrerías. Este detalle se ha sabido hace muy poco gracias a un investigador estadounidense (Cfr. John H. Milks: «An Ilustrated Enciclopaedia of Stupid European Bandits», 3 vols. Oxford University Press, 2003).
(En próximas ediciones de esta serie: Sir Francis Drake y Julián Muñoz).






