La Kodorniz humor gráfico

JRMora Humor gráfico muebles de cocina fans en facebook Romeo Octav Chiritou Comprar VPN cursos reiki madrid becas mec Opinión y noticias, periodismo Bingo online Alquile este espacio por: €/mes Ver futbol gratis. Alquile este espacio por: €/mes seguro de vida Alquile este espacio por: €/mes diseño de paginas web Alquile este espacio por: €/mes Hosting México Alquile este espacio por: €/mes Escultura, obra propia, encargos, moldes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Curso de Reiki Dentistas en embajadores, Madrid Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes dietas para adelgazar Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes Alquile este espacio por: €/mes

La experiencia de pegarse el madrugón del siglo para poner las calles porque así, fijo que encontraremos menos follón, llena de regocijo a cualquiera.

Después, ya metidos en el sempiterno atasco de salida, cuando uno comprueba que la idea de salir con la fresca no ha sido ni tan brillante, ni tan exclusiva como parecía, intenta recuperar esas horas de sueño que nunca volverán, encajonado en un minúsculo reducto al que algunos llaman asiento trasero del coche, el mismo lugar en el que los nazis sentaban a los judíos para prolongar su sufrimiento.

Y con las primeras luces del alba empieza lo bueno.

Esos carteles de la DGT en la que se nos anuncia la competición de muertos oficial, como queriéndonos animar a igualar la cifra… vamos, chicos, 15 muertos más y ya habremos superado el puente del año pasado.

Esos mismos carteles en los que se nos informa de que la velocidad mata y el alcohol acelera la cita con San Pedro, pero en los que no se menciona que el estado de las carreteras es el mismo que el de las carreteras tanzanas a principios del siglo XX, con esos baches y socavones en plena autovía, con dos cojones, porque nosotros lo valemos, guas, guas, meneando nuestra melena de ministro de fomento, con esos charcos que se forman cuando llueve, por no llamarlos lagunas, que se forman en esas mismas autovías, teóricamente las carreteras mejor cuidadas del panorama nacional, o con esos camiones que se ponen a adelantarse, con un par, en un cambio de rasante sin visibilidad, porque sí, porque la vida son dos días y hay que vivirla a tope.

Y después llega la visita a la gasolinera, donde uno tiene que empeñar medio riñón para poder comprar una botella de agua pero, eso sí, no puede usar los servicios porque siempre están recién fregados, con las fregonas como barricadas atravesando de parte a parte la puerta de los mismos.

¿Por qué no rodear los baños con un foso de cocodrilos? Sería mucho más sencillo.

Y mientras uno saborea una bolsa de cacahuetes de la época isabelina que, por supuesto, ha pagado a precio de piso de protección oficial, deleitándose con la enésima vez que el conductor ha dicho la frase “ya huele a mar”, pese a que aún estemos a 100 kilómetros de Albacete, uno empieza a pensar que no ha sido tan buena idea eso de marcharse unos días a la playa.

Pero, finalmente, todo llega y, después de 10 horas de viaje, ahí está la playa.

O, al menos, ahí debería estar, tras las nubes, la niebla y la lluvia del segundo diluvio universal.

Y después de cuatro días recluido en una pocilga que uno ha alquilado a precio de cuarto y mitad de suite en el Hilton, envuelto en una manta que hasta las pulgas rechazarían, recluye su maltrecha humanidad en esa caja de cerillas a la que mucha gente llama coche, previa partida de tetris para colocar las maletas, esas maletas en las que se lleva media casa, por culpa de los “porsis”… por si llueve, por si hace sol, por si refresca por las noches… dispuesto para el viaje de regreso.

Tras 12 horas de divertido atasco, en el que la conversación principal ha sido el destino que elegiremos para pasar el siguiente puente, amenizadas con la música de ese colega macarra que todos tenemos y que nos ha obligado a escuchar la discografía entera de Mago de Oz, debido a que ha sido el único que llevaba cintas de cassette, uno acaba concluyendo que la especie humana, al menos la ibérica y, especialmente, en épocas de puentes, es un error de la Evolución.

Porque todos los años es lo mismo.

Y hasta un ratón en un laberinto aprende antes a no cometer los mismos errores.

  1. jhhjjhjh
    12:52 pm on May 10th, 2007

    vhjbhkvbhkgvhkkvjgvbjgjkgc mjhjmnvbh