Los ojos parecen querer salir de las cuencas para irse a las guadalajaras. Como no lo consiguen, se mosquean y empiezan a escocer rabiosos. El conducto nasal se tapona y si quieres respirar tendrá que ser por la boca, con la consiguiente sequedad de labios, claro. La nariz, no contenta con esto, no para de bombear un picor continuo y frío. La garganta se reseca y pierdes voz. En este caso da igual, porque para lo que ibas a decir: “Estoy alérgico” –“Ya se te ve, da pena verte”. No paras de estornudar y te vuelves un enclenque. Puedes creer que no es nada agradable. Y yo te digo, que crees bien. Gracias por compartir conmigo estos momentos de gramíneas y antihistamínicos…






