echo un charco. Ni siquiera tiro de la cadena, soy un guarro. Pero por lo menos lo confieso, no como otros, que se las dan de limpios y pulcros, y son unos perfectos cerdos hipócritas. Yo me meo fuera. Lo más grave es que además de salpicar el suelo salgo del baño indignado echando la culpa a otro…. Se arma la de Dios: todos gritan echándose la culpa unos a otros, las mujeres encolerizadas: “¡Lo vais a recoger con la lengua!”. Es brutal la que se monta pero nunca me pillan. Pero ya me he cansado de ver como por mi culpa las parejas empiezan una discusión que va más allá de un simple charquito amarillo. Así que, lo voy a dejar. ¡Hombres de España, reconozcamos que no todo va a la taza!.






