Y, ni siquiera con una mísera pegatina de Valle del Kas en el parabrisas, es la cantidad de correos que uno recibe.
Mucha gente los cataloga de basura.
A mí me encantan.
Me apasionan los forwards, esos correos que, antes del asunto del mensaje, como si de un prefijo telefónico internacional se tratara, llevan una hilera interminable de FW.
Ésos son los mejores.
Ésos que, cuando los abres, tienes que recorrer diez kilómetros de página para llegar al asunto en cuestión.
Pero, cuando llegas, merece la pena el viaje.
Porque te encuentras con auténticas perlas.
Me encantan esos mails en los que te cuentan la vida de una mujer, habitualmente africana, a la que van a lapidar si tú no reenvías el mensaje a todos tus contactos. Obviamente, si lo haces, el gobierno del país en cuestión, cambiará las leyes para que la mujer no sea apedreada de una manera tan salvaje.
Me apasionan esos otros en los que un matrimonio, habitualmente yanqui, pide ayuda para su niñito enfermo, adjuntando un número de teléfono para que llames y compruebes la veracidad de la historia, previo reenvío del mail a todos tus contactos para así, los del Hospital de la Vírgen de Versace, en cuanto comprueben que se ha reenviado el mensaje de marras a 15.000 personas, procedan a salvar la vida del tierno infante. Están esperando… casualmente, tú eres la persona 14.999 de la lista.
Por supuesto, ambos tipos de correos se acompañan de alguna imagen para que, si eres tan desalmado como para no seguir las instrucciones, al menos te sientas mal por ser un perfecto cabrón insensible.
Además, si se te ocurriera romper la cadena, que lleva funcionando desde los tiempos de San Apapucio que, como todo el mundo sabe, fue uno de los pioneros en esto de la internés, al instante, antes de que pudieras nombrar cinco marcas de cerveza, un grupo de samoanos ávidos de sexo aparecerían a tu espalda dispuestos a jugar a las torturas medievales con tu culo.
No sé vosotros cómo andaréis de sensibilidad pero, si uno se ganara el cielo por la cantidad de gente que ha salvado gracias a estos correos, el día que me vaya a criar malvas, tendré una parcela del tamaño de Arkansas que, así entre nosotros, no tengo ni puta idea del tamaño que tendrá, pero por el nombre, tiene que ser grande de la hostia…
Cierto es, porque lo mismo que os digo una cosa os digo la otra, que, posteriormente a la lectura de los correos, uno termina enterándose de que, finalmente, a la africana se la cargaron y el niño yanqui también dejó de fumar.
Pero eso pesará en la conciencia de otro, no en la mía.
Yo, cumplí mi parte.
Y seguiré cumpliéndola.
Este mundo necesita superhéroes. Y yo estoy dispuesto a dar un paso al frente.
Además, las mallas me estilizan mucho las piernas.






