Espe (coge su móvil y contesta).- Las ideas claras, ¿dígame?.
Lamela (muy bajito).- Esperanza, soy yo, Manolo
Espe.- ¿Manolo, qué? ¿Pirolo? ¿Fraga? ¿el del bombo?
Lamela.- Lamela, Lamela.
Espe (temerosa de que la oigan, mira a su alrededor, se mete en su despacho y cierra la puerta).- Dime, ¿quieres que te llevemos algo?. ¿Hay animales salvajes fuera? ¿Ves algún riesgo de aludes?
Lamela.- No, no, para. Estoy bien, pero necesito luz eléctrica para calentarme. Aquí hace más frío que en el pasillo de un hospital público.
Espe.- No podíamos arriesgarnos a que encendieras alguna bombilla y diera contigo la prensa. Hasta que no pase lo de Leganés hazte a la idea de que no existes, así que cuelga.
Lamela.- Pero mujer, escucha. ¿Quién va a dar conmigo, si el pueblo más cercano está a ochenta kilómetros, y por un sendero que ni la Cañada Real de noche?
Espe.- Déjate, que hoy día con el GPS se da con cualquier escondrijo.
Lamela (comienza a alterarse).- Mira, tía, una cosa es que me escondas, y otra, esto… ¿Oye? ¿Esperanza?… Ni cobertura hay… ¿Esperanza?… ¡Malditas sedaciones!…
Espe.- Te oigo, Manolo, te oigo. Tú sigue ahí hasta nueva orden. Ten paciencia y no te preocupes por nada. Cuando escampe ya iremos al rescate.
Lamela.- ¿Y si te preguntan a tí sobre el tema?
Espe.- ¿A quién, a mí?. Yo no sé nada de lo tuyo, majete, ¿no quedamos en eso?.
Lamela.- Pero, Esperanza, acuérdate que…
Espe.- ¿Oye? ¿Cobertura? ¿Es ahí cobertura? ¿Señorita? ¿Vodafone? ¿Manolo, te has ido?
Lamela (se resigna).- Está bien, tú no sabes nada.
Espe.- Ya parece que vuelvo a oirte.
Lamela.- De todas formas alguien tendrá que dar la cara hasta que me saquéis de aquí, ¿no es eso?
Espe.- Sí, claro. Ya le he dicho a Güemes que adelante con los faroles.
Lamela (otra vez le falla la cobertura).- ¿Faroles? ¿Que me vais a traer faroles?…En helicóptero, mejor en helicóptero. El camino está intransitable.
Espe.- ¿Por qué dices que está intransitable?. ¿Es que has salido de la casa?
Lamela.- A que me dé un poco el aire, sí.
Espe .- Manolo, que te ven.
Lamela.- Que te he dicho que por aquí no hay seres humanos. Sólo he visto un oso y a lo lejos.
Espe (asustada).- ¿Estás seguro? ¿No sería uno del Grupo PRISA disfrazado de oso?
Lamela.- Bueno, no sé.
Espe (da un grito espectacular).- ¡Por la Virgen de la Almudena, Manolo!
Lamela.- Vale, vale, no grites así. ¿Y qué ha dicho Güemes?
Espe.- Que se hizo todo muy bien.
Lamela.- Pero, según la Audencia…
Espe.- ¡Y qué sabe esa!. Ella entenderá de autos, considerandos y cosas así, pero de política y de malas praxis, ni palote.
Lamela.- Ya, pero el caso es que la justicia…
Espe.- Manolo, te veo blando. Comprendo que los lugares aislados y solitarios transmiten mal rollo, pero tienes que venirte arriba
Lamela.- Por lo menos traerme un brasero.
Espe.- No podemos arriesgarnos. Échate por encima lo primero que encuentres y date puñetazos.
Lamela (muy preocupado).- ¿Va a dimitir o se va a cesar a alguien?
Espe.- Estamos buscando.
Lamela.- ¿Entre quién?
Espe.- Entre los enfermos.
Alguien llama con los nudillos a la puerta del despacho. Esperanza desconecta el móvil, abre y entra Tamayo, disfrazado de Romero de Tejada.
CHICOTÁGORAS.















