Clienta.- Usted ya me entiende: entero, pero pelado.
Tendero.- Lo dice como si existieran pollos con pelos. Lo que tengo en pelado es conejo, señora. ¿No será eso lo que quiere?
Clienta.- Por Dios, ¿no voy a saber distinguir un pollo de un conejo?
Tendero.- Si es usted daltónica, uno es rojo y el otro verde, no.
Clienta.- ¡Qué ocurrencias!
Tendero.- Cualquiera que le oiga dice que los daltónicos no existen
Clienta.- Yo no he dicho eso
Tendero.- Pero da pie a pensarlo. Bueno, ¿quiere o no quiere un pollo?
Clienta.- Sí, aunque eso que pretende partirme es una gallina
Tendero.- Yo no le veo las medias
Clienta.- ¿Las gallinas que vende usted, usan medias?
Tendero.- Por higiene
Clienta.- ¿Y, los pollos?
Tendero.- Pata de gallo
Clienta.- Con lo cara que es esa tela, me va a salir por un pico.
Tendero.- Lléveselo sin cabeza
Clienta.- Tiene usted una forma de vender poco corriente.
Tendero.- ¿Le parezco un tendero raro?
Clienta.- Más que muchos
Tendero.- Más que muchos, consuelo de tontos.
Clienta.- ¿A quién está insultando?
Tendero.- Al pollo, naturalmente. Escuche, escuche cómo le suenan los oídos (acerca la cabeza del pollo a la clienta)
Clienta.- ¿A un pollo muerto?
Tendero.- Ya ve que sí. Tendrá poderes.
Clienta.- ¡Jesús!
Tendero.- ¿Ha estornudado el pollo?. Yo, no.
Clienta.- Deje ya de hacer el ganso y despácheme en condiciones.
Tendero.- ¿Cómo se lo pongo, asado o al temple?
Clienta.- ¿Me lo asaría ahora?
Tendero.- Si usted quiere se lo aso, sí.
Clienta.- Tardará
Tendero.- En absoluto (saca dos asas de debajo del mostrador y las clava en el pollo). ¡Marchando un pollo asado!
Clienta.- Como todos los ase así, debe usted vender bien pocos.
Tendero.- Pero los pocos que vendo llaman la atención.
Clienta.- ¿Y al temple, cómo los prepara?
Tendero.- ¿No sabe templar popllos?
Clienta.- No, que no sé.
Tendero.- Si se coge el pollo frío, se le frota, y si caliente, se le sopla. Así hasta que coge la temperatura de las Canarias. Un pollo al temple, señora, es un pollo ni frío ni caliente.
Clienta.- Así que, de pintarlo, nada.
Tendero.- Si quiere darle sombra de ojos o pasarle carmín por el pico, mejorará de presencia, desde luego.
Clienta.- Yo no le pinto los despojos. Es tirar el dinero.
Tendero.- ¿Y un tatuaje en los muslos, qué tal?
Clienta.- No tengo yo paciencia para eso.
Tendero.- La verdad es que los que mejor salida tienen son los pollos en su tinta.
Clienta.- ¿Tinta, los pollos?
Tendero.- ¿Dónde creen que mojan la pluma?
Clienta.- ¡Huy, se me va la cabeza!
Tendero.- ¿Ve cómo este animal tiene poderes?. Por lo pronto da mareos.
Clienta .- Me va a volver loca.
Tendero.- Si no le quiere, llévese este otro, que está de oferta.
Clienta.- Así está él, que lo más hermoso que tiene es el cuello.
Tendero.- Le recubre un poco los huesos con carne picada y parecerá un magnífico pollo de granja.
Clienta.- Ese para usted (se da media vuelta y sale de la tienda refunfuñando)
Tendero (a voces).- ¡Señora, antes de que llegue a la esquina le tengo vendido, para que lo sepa!… Oye, qué gente.
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