Clienta.- Se lo preguntaré de otra manera: ¿venden ustedes faldas?
Dependiente.- Vendemos faldas, sí.
Clienta.- ¿Y, dónde puedo encontrar las faldas que venden ustedes?
Dependiente.- En su sitio
Clienta.- Ya imagino. ¿Y, cuál es?
Dependiente.- Cada una tiene el suyo, aunque a veces varían de lugar.
Clienta.- ¿Cómo explica eso?
Dependiente.- Porque en ocasiones las cambiamos, pero se pongan donde se pongan ocupan sitio, y el sitio que ocupan, temporalmente es siempre el suyo.
Clienta.- Siga usted en ese plan y me voy sin comprar nada.
Dependiente.- Grave error, porque tenemos faldas de alucine. ¿Cómo le gustan, que cubran por delante, por detrás, un lateral o los dos?
Clienta.- De tubo
Dependiente.- Eso ya tiene que ser en ferretería. Segunda planta.
Clienta.- ¿Venden las faldas de tubo en la sección de ferretería?
Dependiente.- ¿Dónde, si no?
Clienta.- Disculpe, pero en este centro comercial ordenan los artículos de manera un tanto rara. Enséñeme, a ver qué tiene en falda tableada.
Dependiente.- ¿De tablas, dice?. Sección de bricolage, por favor. Primer sótano.
Clienta.- ¿Y las de volantes?
Dependiente.- En la terraza, claro.
Clienta.- ¿De qué más tienen, si puede saberse?
Dependiente.- Faldas de ternera, que se venden en el supermercado; faldas de montaña, en artículos de camping; escocesas en la agencia de viajes y, finalmente, en muebles exponemos las faldas de cama mesilla.
Clienta.- ¿De cama mesilla o de mesa camilla?
Dependiente.- De silla mecama
Clienta.- Es usted de lo que no hay
Dependienta.- Si fuera de lo que no hay, no hubiera, señora, y a usted le estaría hablando una paradoja. Y ahora, vayamos a lo nuestro… Mire, mire qué faldas… qué hechura…
Clienta.- Eso es una cinta para el pelo, perdone.
Dependienta.- ¿El qué, esto? En absoluto. ¿No ve que es una minifalda elástica?
Clienta.- ¡Amos ande!
Dependiente.- Parece que entiende usted poco de faldas, amiga mía.
Clienta.- ¿Quién le ha dicho que sea yo su amiga?
Dependiente.- Pues si no lo es, peor para usted, porque tengo unas faldas primorosas que le podría dejar a un precio de verdadero escándalo.
Clienta.- No sé dónde.
Dependiente.- Gire su busto y vea aquel lejano estante de faldas lisas.
Clienta.- A mí es que me gustan estampadas
Dependiente.- ¿Contra qué?
Clienta.- Me quejaré de usted al encargado de planta
Dependiente.- Soy yo mismo, de modo que ya puede empezar a quejárseme, aunque le advierto que no pienso despedirme.
Clienta.- ¿Dónde está el gerente?
Dependiente.- Tomando medidas a los cuadros de las camisas para hacerles unos marcos.
Clienta (buscando la salida).- ¡Ave María Purísima!
Dependiente.- Señora, por esas escaleras no, que le bajan al piso de arriba… Qué gente…
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