Clienta.- Póngame tres cuartos, haga el favor, que tengo al marido con anemia en el coco.
Tendero.- ¿Dice muchas gilipolleces?
Clienta.- Y cuando no las dice, las hace.
Tendero.- ¿De qué quiere que le ponga los pensamientos: de gerente, de funcionario, de guardia civil, de empleado de banca… Usted dirá.
Clienta.- No sé; aconséjeme. Yo lo que quiero es poder hablar con él en casa.
Tendero.- Tengo algunos de filósofo aristotélico, por si le interesan
Clienta.- Esos para más adelante. Vayamos poco a poco.
Tendero.- Usted lo que necesita son unos pensamientos corrientitos, para ir abriendo mente, ¿no?
Clienta.- Si tiene de sus labores, mejor.
Tendero.- Aquí me quedan unos cuantos de presidente de comunidad de vecinos.
Clienta.- No, de listillo, no, que estomagan.
Tendero.- ¿Qué le parecen éstos?. Se extrajeron de un cerebro con doce horas diarias de televisión.
Clienta.- ¡Vaya material que ofrece, jefe!
Tendero.- ¿Y éstos otros?: Conocen a la perfección trivial, palé, salto del caballo, crucigrama y sudoku.
Clienta.- Más juego dan, pero no voy yo por ahí.
Tendero.- Pues mire, esos de ahí están puestísimos en marcas de coches, fondos de pensiones, seguros de vida, declaraciones fiscales, vicisitudes del mercado inmobiliario y tasas anuales equivalentes.
Clienta.- Esos sesos son casi una gestoría.
Tendero.- Salen algo más caros, desde luego.
Clienta.- Yo los quiero más amenos, no sé si me entiende.
Tendero.- Luego tengo estos especializados en ofertas de hipermercados, bricolage, electrodomésticos y viajes programados. Lo saben todo, los tíos.
Clienta.- Estamos en las mismas.
Tendero.- A estos sí que no les puede poner ni un pero.Le van a encantar porque tienen soluciones sencillas pero infalibles para acabar con el paro, la delincuencia, las drogas, el terrorismo, la inflación, el tráfico, el cambio climático y las energías alternativas.
Clienta.- ¡Qué agobio, por Dios!
Tendero.- Mire lo que le voy a enseñar ahora: unos pensamientos para los que la bonoloto, el cuponazo, la primitiva y la quiniela de fútbol no tienen secretos.
Clienta.- Pero, ¿toca?
Tendero.- Teóricamente, sí, porque dejan las apuestas reflexionadas. Después, si falla la práctica ya no es cosa suya; entiéndame.
Clienta.- Veo que no tiene lo que pido.
Tendero.- ¿Y estos?: despellejaprójimos, sacafaltas, achacavicios, poneperos, cuelgasambenitos…
Clienta.- Que no, que no.
Tendero.- ¿Y si le pongo un revuelto?
Clienta.- Le vuelvo loco.
Tendero.- En pensamiento corriente, es todo lo que tengo.
Clienta.- Sí, pero de ese corriente, no.
Tendero.- A ver si lo que usted necesita para su marido no son pensamientos corrientes, sino sencillos, pero certeros.
Clienta.- ¡¡De eeeeeeeeeeeeesos!!
Tendero.- Me dijo el representante que ya no se cultivan
Clienta.- ¿Entonces, qué?
Tendero.- Que, o se lleva de los que hay, o se resigna a los de su marido.
Clienta (saliendo).- ¡Jesús, qué vejez!
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