
Cliente.- Algo divino.
Tendero.- ¿Qué le parecen unas músicas celestiales?
Cliente.- Demasiado etéreo
Tendero.- ¿Y, una aleluya carmesí, cómo lo ve?
Cliente.- No me hago idea.
Tendero.- Tengo pecados al peso. ¿Le pongo un revuelto?
Cliente.- Él ya peca, así que nada.
Tendero.- Me queda una lata de bendiciones cazadas al vuelo en El Vaticano, pero no creo que le interesen.
Cliente.- Claro que no.
Tendero.- tengo muchas más cosas, pero ya no son divinas.
Cliente.- Coño, pues sáquemelas, aunque sean humanas.
Tendero.- Tengo agujeros.
Cliente.- Déjese; a ver si se va a colar por alguno y me busco la ruina.
Tendero.- …Entelequias, parchises de una casilla…
Cliente.- De una casilla, no, porque dan claustrofobia.
Tendero.- Los tenía de dos: una de ida y otra de vuelta, pero los he vendido todos.
Cliente.- Como que dan otro desahogo.
Tendero.- También tengo calambres de plástico.
Cliente.- ¿A cómo salen?
Tendero.- A 125 y a 220, depende de la descarga.
Cliente.- Pues no son caros para los sustos que meten
Tendero.- Ya le digo. También puedo ofrecerle zorreras de humo blanco.
Cliente.- Huy, esas se van a llevar mucho cuando cambien de Papa.
Tendero.- … Paraguas de interior, archiadores de soplos, borrones sueltos…
Cliente.- Si vende borrones, se los echarán los mejores escribanos, supongo.
Tendero.- Desde luego. Cada uno de ellos echa un borrón; so se los compro y, después, se los vendo a usted, por ejemplo.
Cliente.- Será si me dejo.
Tendero.- Considere que después de cada borrón, su amigo podrá hacer cuenta nueva.
Cliente.- ¿Y, para qué quiere mi amigo hacer cuenta nueva, si tiene una sin estrenar?
Tendero.- Para nada. ¿No ve que todo esto es una gilipollez?
Cliente.- Tiene usted razón.
Tendero.- Ya, pero no la vendo. En cambio, vea cómo molan estas alpargatas con la suela arriba.
Cliente.- ¿Y, cosquillas? ¿Tiene usted cosquillas?
Tendero.- Tenía, esa es la verdad, pero se han llevado incluso las mías. Es lo que mejor se vende: la cosquilla.
Cliente.- ¿Qué más tiene?
Tendero.- Nada
Cliente.- ¿Le queda mucha?
Tendero.- De lo que más.
Cliente.- Aconséjeme: ¿qué cree que le gustará más: algo de nada o nada de algo?
Tendero.- Alho de nada siempre es algo, aunque sea nada, pero nada de algo es nada.
Cliente.- ¿Nada de nada?
Tendero.- Nada de algo, que es distinto.
Cliente.- Póngame un ejemplo, haga el favor.
Tendero.- Se han agotado. Si quiere saco toda la nada que tengo y le hago un precio especial.
Cliente.- Sí, pero, por favor, envuélvamela bien para que no se salga
Tendero.- ¿Le pongo lazo al papel?
Cliente.- Sí; aunque sea un lacito de nada.
Tendero.- ¿También de nada?. No va a resaltar.
Cliente.- Luego le tiño yo, si eso… ¡Uff, lo que abulta!!
Tendero.- Tendrá el coche cerca, ¿verdad?
Cliente.- Sí, gracias.
Tendero.- De nada.
CHICOTÁGORAS

…¿A la vista de estas mil quinientas carátulas que nos contemplan, qué respondería?
Cliente.- Que si está usted ciego o gilipollas.
Tendero.- Descarte la ceguera porque el cine aún no se proyecta por el método Braile.
Cliente.- Ande, ande, déjese de rodeos y póngame una peli de riñas
Tendero.- ¿Cruenta o incruenta?
Cliente.- Sí, sí, que se cuente. Con argumento, vamos.
Tendero.- ¡Cruenta, cruenta, que si con sangre!
Cliente.- No, no, de Drácula, no, que hace poco ví una y me pasé toda la noche vigilándole los colmillos a mi señora.
Tendero.- ¿Le apetece ver casquería?
Cliente.- ¿Es que tiene películas de pollos?
Tendero.- Usted ha leído poco cine, ¿verdad?
Cliente.- Yo es que con las subtituladas me aturdo mucho. Como ponen en español lo que dicen, pero lo dicen en inglés, no me concentro. Además, mientras leo no veo las caras y, al final, no sé quién ha dicho lo que he leído.
Tendero.- No me refería yo a esa lectura.
Cliente.- Yo lo que quiero es una película de riñas, bien contada, siempre que no salga Drácula ni pollos hablando en versión original.
Tendero.- Veamos…
Cliente.- ¿Por qué no me da una de japoneses descalzos, de esos que se dan hostias unos a otros con la mano de canto?
Tendero.- Se llaman karatecas, y no me quedan.
Cliente.- Lástima. ¿Y, piratas, tiene?
Tendero.- Piratas no dejan
Cliente.- ¿Por qué no dejan ahora hacer películas de piratas, con lo bonitas que son?
Tendero.- No me refiero a eso
Cliente.- ¿Tampoco se refiere a eso?. Coñe, no se refiere usted a nada.
Tendero.- Es que no es lo mismo una película pirata que una de piratas
Cliente.- ¿Quiere decir que hay películas piratas sin piratas?
Tendero.- Ya lo creo. Hay películas piratas incluso de misioneros.
Cliente.- ¿Y películas misioneras incluso de piratas, hay?
Tendero.- No, pero misioratas de piraneros, sí.
Cliente.- Serán de esas raras que no hay dios que las entienda
Tendero.- Llévese ésta. Es un peliculón
Cliente.- Eróticas no quiero.
Tendero.- ¿Lo dice por lo de culón?
Cliente.- Exactamente.
Tendero.- Bueno, venga, que tengo gente esperando. ¿Se lleva ésta, o nada?
Cliente.- Nada no se va a ver, así que deme el peliculón. ¿Qué anuncios salen?
Tendero.- Ninguno
Cliente.- Vaya cutrez
Tendero.- Pare la película de vez en cuando y cambie de canal hasta que dé con una tira de anuncios.
Cliente.- eso ya es otra cosa.
Tendero.- Pues, hale. Son tres euritos
Cliente.- ¿Tres, teniendo que poner yo los anuncios?. Ni hablar del peluquín.
Tendero.- Venga, deme dos, quédese con la peli y haga el favor de no aparecer más por aquí.
Cliente.- Huy que no. Mañana estoy aquí a por la de karatekas.

Clienta.- Póngame tres cuartos, haga el favor, que tengo al marido con anemia en el coco.
Tendero.- ¿Dice muchas gilipolleces?
Clienta.- Y cuando no las dice, las hace.
Tendero.- ¿De qué quiere que le ponga los pensamientos: de gerente, de funcionario, de guardia civil, de empleado de banca… Usted dirá.
Clienta.- No sé; aconséjeme. Yo lo que quiero es poder hablar con él en casa.
Tendero.- Tengo algunos de filósofo aristotélico, por si le interesan
Clienta.- Esos para más adelante. Vayamos poco a poco.
Tendero.- Usted lo que necesita son unos pensamientos corrientitos, para ir abriendo mente, ¿no?
Clienta.- Si tiene de sus labores, mejor.
Tendero.- Aquí me quedan unos cuantos de presidente de comunidad de vecinos.
Clienta.- No, de listillo, no, que estomagan.
Tendero.- ¿Qué le parecen éstos?. Se extrajeron de un cerebro con doce horas diarias de televisión.
Clienta.- ¡Vaya material que ofrece, jefe!
Tendero.- ¿Y éstos otros?: Conocen a la perfección trivial, palé, salto del caballo, crucigrama y sudoku.
Clienta.- Más juego dan, pero no voy yo por ahí.
Tendero.- Pues mire, esos de ahí están puestísimos en marcas de coches, fondos de pensiones, seguros de vida, declaraciones fiscales, vicisitudes del mercado inmobiliario y tasas anuales equivalentes.
Clienta.- Esos sesos son casi una gestoría.
Tendero.- Salen algo más caros, desde luego.
Clienta.- Yo los quiero más amenos, no sé si me entiende.
Tendero.- Luego tengo estos especializados en ofertas de hipermercados, bricolage, electrodomésticos y viajes programados. Lo saben todo, los tíos.
Clienta.- Estamos en las mismas.
Tendero.- A estos sí que no les puede poner ni un pero.Le van a encantar porque tienen soluciones sencillas pero infalibles para acabar con el paro, la delincuencia, las drogas, el terrorismo, la inflación, el tráfico, el cambio climático y las energías alternativas.
Clienta.- ¡Qué agobio, por Dios!
Tendero.- Mire lo que le voy a enseñar ahora: unos pensamientos para los que la bonoloto, el cuponazo, la primitiva y la quiniela de fútbol no tienen secretos.
Clienta.- Pero, ¿toca?
Tendero.- Teóricamente, sí, porque dejan las apuestas reflexionadas. Después, si falla la práctica ya no es cosa suya; entiéndame.
Clienta.- Veo que no tiene lo que pido.
Tendero.- ¿Y estos?: despellejaprójimos, sacafaltas, achacavicios, poneperos, cuelgasambenitos…
Clienta.- Que no, que no.
Tendero.- ¿Y si le pongo un revuelto?
Clienta.- Le vuelvo loco.
Tendero.- En pensamiento corriente, es todo lo que tengo.
Clienta.- Sí, pero de ese corriente, no.
Tendero.- A ver si lo que usted necesita para su marido no son pensamientos corrientes, sino sencillos, pero certeros.
Clienta.- ¡¡De eeeeeeeeeeeeesos!!
Tendero.- Me dijo el representante que ya no se cultivan
Clienta.- ¿Entonces, qué?
Tendero.- Que, o se lleva de los que hay, o se resigna a los de su marido.
Clienta (saliendo).- ¡Jesús, qué vejez!
CHICOTAGORAS

Dependiente.- Hay gente sin muerto que llevarse al lacrimal y tenemos que darle servicio.
Cliente.- Pues yo, si el muerto no es mío no le lloro. Y no porque no quiera; es que no me sale.
Dependiente.- Eso ya va en el carácter. Bueno, aquí puede ver varios modelos. Éste, por ejemplo, le tenemos en oferta: tres por el precio de dos.
Cliente.- Es una ganga, lo que pasa es que yo sólo tengo un muerto.
Dependiente.- Hágale tres trozos y le entrará en la vida eterna con más holgura. Eso al espíritu, mal no le hace.
Cliente.- Hombre, ya, pero hágase cargo.
Dependiente.- La única pega que veo es que el muerto se desperdigue, pero puede hacer otra cosa: un tríplex de bricolage.
Cliente.- Es que me da no sé qué dejar a la gente en el duelo con el cadáver y ponerme a serrar enmedio.
Dependiente.- Diga que le echen una mano
Cliente.-¿Y dejar al difunto solo, para una vez que se muere?. No hago yo eso.
Dependiente.- Oiga, ¿y si los dos ataúdes que le sobran los guarda bajo la cama de matrimonio para cuando se produzcan los óbitos gananciales?
Cliente.- Qué mal rollo.
Dependiente.- Mejor situados, imposible.
Cliente.- Que no, que se llenan de pelusa.
Dependiente.- Aquí hay uno de ocasión que le va a gustar: es usado, pero está como nuevo.
Cliente.- ¿Cómo que usado?
Dependiente.- De un tipo que estaba mal muerto
Cliente.- ¿Y, alguno de estreno que no sea caro?
Dependiente.- Aquél pequeño de allí resulta algo más económico, pero el cadáver tiene que ir muy resumidito.
Cliente.- ¿Sabe cómo se prepara?
Dependiente.- Se pone el muerto en posición esquemática y se deja enfriar.
Cliente.- Al ver si luego le van a poner pegas para entrar en el cielo y se me va a estar presentando cada dos por tres.
Dependiente.- Llevando una buena almohada cervical, incluso accedería a lo eterno en mejores condiciones físicas. Pruebas de ello es cierto que no hay, pero tampoco de lo contrario, y eso ya es algo.
Cliente.- ¿Y, otros féretros?
Dependiente.- Tengo varios de cartón piedra, pero no se los recomiendo para el invierno, porque si llueve durante el entierro te quedas con el finado a la intemperie. Bien es verdad que como está muerto, ya trancazos no coge. Eso, usted verá.
Cliente.- ¿Y aquéllos tan raros?
Dependiente.- De raros, nada. Se adaptan a la postura en que los familiares quieran enterrar al occiso.
Cliente.- Ay, qué bien. Me va a poner ese en forma de silla. El pobre se pasó 40 años trabajando en una oficina. Extrañará menos el cambio.
Dependiente.- ¿Lo quiere en sillón giratorio o en silla para las visitas?
Cliente.- Poco podrá girar, el pobre.
Dependiente.- Eso depende. En caso de terremoto los desplazamientos subterráneos se ejecutan con el giratorio divinamente.
Cliente.- Para ese plan le compro una silla de ruedas.
Dependiente.- Ya; lo que pasa es que si encima de que se muere, va usted y le amortaja de paralítico, parecerá una represalia.
Cliente.- No había caído yo en eso, ¿ve?
Dependiente.- Lógico. Yo lo domino porque es mi oficio. ¿Se lo pongo con escritorio, o sólo lo que es el cuerpo?
Cliente.- Es que lo del sillón giratorio no acabo de verlo. Por aquí el terremoto se da poco.
Dependiente.- Entiérrelo en San Francisco.
Cliente.- Por no ir hasta allí…
Dependiente.- Además, así tendrá un buen pretexto para no llevarle flores todos los años el día de los santos.
Cliente.- Venga, vale; me llevo el gitarorio y un billete de avión.
Dependiente.- Para servirle.

Cliente.- Me da igual, pero ya que me da a elegir… de Hierro, mismamente.
Dependiente.- Un momentín (pasa a las trastienda y vuelve con un chaval canario).
Cliente.- No, hombre, no; de estos no. Yo los quiero con pico.
Dependiente.- Huy, menudo lo tiene éste. Dí algo, Betancort.
Chico canario.- Los factores coyunturales que más significativamente insiden sobre el amplio espectro de variables macroeconómicas, son los causantes en primera instansia de la asimetría existente entre el sector productivo y las fuersas erráticas de la demanda interna.
Dependiente.- ¿Qué le parece?
Cliente.- Que no, que no. Yo quiero canarios… pájaros.
Dependiente.- ¿Pájaros de hierro?
Cliente.- Sí, bueno, de Hierro.
Dependiente.- De hierro ya no los trabajamos porque con lo que pesan, cuando vuelan sudan una barbaridad y se nos deshidratan todos.
Cliente.- Es que yo no quiero que vuelen, porque luego se escapan y tengo que venir a por más.
Dependiente.- Por eso yo sí quiero.
Cliente.- Pues, quédese usted con los que vuelan, pero a mí no me los meta.
Dependiente.- Está bien. En cuanto al canto, ¿cómo le gustan. Tenemos una gama que va desde el canario sordomudo que pía por señas, hasta el decibélico criado en discoteca. Luego ya tenemos el canario gregoriano, mucho más selecto.
Cliente.- Yo lo que quiero es que canten mucho.
Dependiente.- Mire, aquí tengo este, que no para.
Cliente.- ¡Cómo que es una chicharra!
Dependiente.- Así decía yo que no cataba el alpiste
Cliente.- Bueno, qué.
Dependiente.- Aver… a ver…Aquí tengo estos otros que también cantan bastante; ahora, eso sí, hay que acompañarles.
Cliente.- Sé tocar el clavicémbalo.
Dependiente.- Con ese instrumento, usted lo que necesita son canarios eruditos, y de esos no traigo porque la gente se acompleja. ¿Por qué no les acompaña con algo más corriente?
Cliente.- Toco un poco la armónica, pero mal.
Dependiente.- No, porque enseguida lo notan.
Cliente.- ¿Y si les pongo un disco?
Dependiente.- Como que se cree que son tontos.
Cliente.- Le elegiré entonces por el color de las plumas. Esos oscuros molan.
Dependiente.- No son oscuros; es que les da la sombra.
Cliente.- Pues estos otros amarillos.
Dependiente.- ¿No ve que son pollitos?
Cliente.- ¿Y aquéllos marrones de allí?
Dependiente.- Están al otro lado de la ventana. Si sale a la calle y los pilla, le regalo la jaula.
Cliente.- A todos les pone pegas. Voy a tener que comprarme una tortuga
Dependiente.- Esa sí que no le vuela.
Cliente.- Ya, pero tampoco me canta.
Dependiente.- Llévela al veterinario y que se la alegre.
Cliente.- Venga, póngame dos, pero que sean de buena familia.
Dependiente.- Aquí las tiene: de Galapagar.
Cliente.- ¿De Galapagar?. Esas sí que tienen que ser buenas. ¿A cómo salen?
Dependiente.- A seiscientos cincuenta con veintisiete.
Cliente (entregándole el dinero).- Joder, qué caras.
Dependiente.- Es que guapas no han sido nunca.
Cliente.- No me refería a eso.
Dependiente.- No sé a qué, entonces.
El cliente mete las tortugas en la jaula y sale de la tienda en dirección a la clínica veterinaria que hay cruzando la calle.
CHICOTÁGORAS
