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“No ganamos para sustos”. Pues bien, entre una cosa y otra; entre una copa de alcohol y otra… y otra… y otra más…, pasó lo que tenía que pasar, que acabamos borrachos perdidos en medio de una orgía multitudinaria sin control dentro de la enorme piscina de la mansión que se ha comprado con los derechos de autor. Y claro, como después, sea por envidia o porque realmente les molestaba el escándalo, los vecinos de nuestro común amigo llamaron a la policía, pues acabamos todos en la cárcel municipal. Y allí J.R.Mora y yo nos pusimos a charlar de lo que siempre solemos cuando estamos entre rejas: de Colate y de Jonathan Swift, el de los viajes de Gulliver, efectivamente. Y, por supuesto, de su abuelo. El de Colate, no el del famoso escritor irlandés que seguramente sería un hombre muy interesante y de mucho mérito (eso nunca lo hemos dudado ni J.R.Mora ni yo ni tan siquiera Gatoto, que también estuvo en la fiesta pero que se libró de la cárcel por su proverbial facultad para aguantar la respiración bajo el agua), pero es que, de verdad te lo digo, Mágnum, a ese señor, al abuelo de Jonathan Swift, digo, no lo conocemos de nada. Al que sí que conocemos y admiramos por sus muchos méritos es al señor abuelo de Colate. Por eso nos sorprende e indigna que nadie hable de él; que se haya relegado su memoria al más oscuro e injusto de los olvidos. Y como creemos que hay pocos hombre como éste, quisimos charlar de él como para homenajear su memoria en estos momentos en los que su nieto, el famoso empresario Nicolás Vallejo Nájera, Colate, que no tiene ni la mitad de méritos que su antepasado próximo, está ocupando las portadas de las más prestigiosas revistas de la vida social con motivo de su boda en México con Paulina Rubio. Y así fue como establecimos la relación entre el insigne abuelo de Colate, el coronel Antonio Vallejo Nájera, jefe de los Servicios Psiquiátricos Militares del ejército de Franco y Jonathan Swift, el genial escritor irlandés del siglo XVIII conocido en el mundo entero por “Los viajes de Gulliver”.

Si el jefe de don Antonio, el generalisííííííííísimo Franco, emuló las filantrópicas hazañas de un personaje literario como don Quijote luchando contra los molinos de viento del comunismo más salvaje y dañino para España, el abuelo de Colate, demostrando ser fiel escudero de tan egregio caballero andante y tan amante de la buena literatura como él, no sólo imitó un ejemplo literario de Jonathan Swift sino que llegó a mejorar con creces sus teorías. Aunque tanto Franco como su jefe de psiquiatría eran unos gigantes en un país de enanos derrotados (con la ayuda inestimable del mismísimo Dios, por supuesto), el pasaje literario de Swift en el que este gran médico se inspiró no pertenece a “Los viajes de Gulliver” sino a otro del que te doy ahora mismo, en la siguiente línea, Magnum, cumplida información: se trata del relato de 1729 titulado “Una modesta proposición para evitar que los hijos de los pobres de Irlanda sean una carga para sus padres o su país, y para hacerlos útiles al público”. Este delicioso texto cargado de ironía, es un ejemplo de humor negro tan valioso que André Breton lo incluyó en su famosa antología del humor negro de 1939. En él, Jonathan Swift propone, sin más, que a los niños de los pobres se los coman los ricos para no sólo acabar con los problemas de los pobres sino, incluso, para mejorar la economía del país. Sugestionado por este fabuloso texto, el coronel Vallejo Nájera (a quien suponemos gran lector de literatura dieciochesca), como responsable desde 1938 del Gabinete de Investigaciones Psicológicas del Ejército, tras investigar las raíces biopsíquicas del marxismo y llegar a las acertadísimas conclusiones de que esa ideología era fruto de una tara mental, recomendó (y así se hizo finalmente) la segregación desde la infancia para liberar a la sociedad de tan temible plaga. Por lo tanto, movido sin duda por el espíritu cristianísimo y bondadosísimo que impregnó todas las acciones fascistas en la guerra y en la victoria, el abuelo de Colate, el coronel Antonio Vallejo Nájera, el gran psiquiatra, fue el responsable de la separación de cientos de niños de sus madres para ser entregados a familias adeptas al régimen. Nada de comérselos como propone el simple de Jonathan Swift, que es una cosa bastante vulgar y escatológica. El abuelo de Colate hizo algo mejor y más acorde con los altos preceptos inspiradores de la política fascista de Franco: reciclarlos. Por su bien y el del país, por supuesto. A diferencia de la propuesta del escritor irlandés, la de los fascistas españoles consistió en comerse a los pobres rojos de una manera simbólica mucho más limpia, dónde va a parar: los frieron a balazos y después les quitaron a sus hijos para que fueran criados por buenas familias y así en un futuro, curados ya del mal de sus padres gracias a una cristiana, patriótica y fascista educación, llegaran a ser unos españoles como Dios (y Franco) manda.

Es por esto, Mágnum, por lo que hemos estado hablando de él en la cárcel; porque un hombre así, dispuesto a tantos sacrificios por el bien de la patria, no puede dejar de recordarse. A lo mejor su nieto, quién sabe, ha querido rendirle un secreto homenaje (seguramente llevado por un prurito íntimo de modestia, porque un abuelo así es para estar orgullosísimo, orgullosísimo…) y por eso el cura de la ceremonia va a ser un sacerdote irlandés. Igualito, igualito que Jonathan Swift que fue, todo el mundo lo sabe, deán de la iglesia de San Patricio de Dublín.

Sin más, deseándole mucha felicidad a los novios me despido de ti enviándote, como siempre, un cordial saludo desde la cárcel donde estoy tan ricamente charlando con J.R.Mora y otro preso enorme lleno de cicatrices que se ha unido a nosotros desde hace un rato y que no para de mirarme, con cierta lascivia me temo, el escote.
Siempre tuyo

Lombilla