—Oigo…
—¿Es el señor Jhonny Smith, el bombero?
—Bueno, no. El hecho de que yo ponga bombas no quiere decir que sea bombero. Bombero es aquella persona que trabaja en una bomba, digamos, de apagar incendios.O despachando gasolina.Soy muy exquisito con las cuestiones semánticas, ¿sabe? Hay que cuidar la lengua de Shakespeare.
—Bien. Pero usted es el señor que se dedica a poner bombas…
—Sí. Eso sí. Las pongo en cualquier parte. A cualquier hora.¿Me llama usted para prestarle algún servicio?—dijo ya con mucho más interés.
—Sí; necesito que venga mañana a la calle Picadilly Punto Com entre Enter y Escape. Por favor, traiga la bomba más grande que tenga. La pondremos en el sótano del edificio. Puesta allí, nadie podrá intentar ni el más mínimo comentario.Este inmueble tiene quince pisos. Y hay que callarle la boca, definitivamente, a mucha gente. Siempre están protestando.Hablan en contra del gobierno. Se quejan de todo y por todo.No podemos permitirlo.Esto perjudica al municipio.
—Allí estaré. La pondremos antes del amanecer,para evitarle molestias a todo el mundo.Yo trabajo en silencio. Sólo podrán enterarse, por unos instantes, cuando esté activada.Después no sentirán nada…se lo aseguro.
—Le espero. Recuerde: hay que poner una bomba bien grande y potente,y así, callarles a todos la boca para siempre.Su pago será después, al terminar el trabajo.
Al día siguiente,Jhonny Smith se personó, antes de que saliera el sol, en la dirección señalada. Las puertas del sótano estaban abiertas de par en par y cuando penetró con su camión, una lluvia de balas lo recibió, dejándolo como un colador.Con la boca abierta, las piernas estiradas,un ojo entretenido y el otro mirándole hacia el cielo de la boca.
De inmediato, decenas de agentes rodearon el camión. Y los técnicos en explosivos, con sumo cuidado,se acercaron al vehículo para desactivar la bomba. Pero ¡oh, sorpresa! Lo único que había en su interior era una inmensa bomba de agua.Y el jefe comenzó a echar maldiciones a diestra y siniestra.
—¡Estos imbéciles que se dedican a escuchar los teléfonos no tienen ni un gramo de cerebro! No se dieron cuenta de que los dos sujetos estaban hablando de una bomba de agua.¡Rayos y truenos! ¿Cómo vamos a justificar todos los gastos de este operativo policíaco, las balas, la gasolina, la indemnización a los familiares y los destrozos causados al inmueble? ¡Hoy sí afectamos el presupuesto del municipio! Ni piensen por un instante en los aumentos de salario que están pidiendo!.
Minutos después,chillando las gomas y los calcañales, decenas de patrulleros y cientos de hombres,como perros con el rabo entre las patas, abandonaban el lugar, lamentando no haber podido justificar tamaña operación en busca de un supuesto terrorista, denunciado por quienes se dedican a husmear en casi todas las conversaciones telefónicas y sin permiso judicial alguno.
VIÑAS ALFONSO
