en caso de que medie una declaración de incapacidad, al familiar que lo asiste.
Es lógico, ¿verdad? Pues como suele suceder en política, la lógica deja paso al oscurantismo y nos encontramos con que en esta bendita ley hay gato encerrado.
Ésta que les voy a relatar es la historia real de una familia que cuenta entre sus miembros con una persona dependiente a quién, después de una valoración de un tribunal médico, se le “otorgó” un grado de minusvalía del 86%. Este familiar, de 69 años, sufrió hace ocho, un infarto cerebro-vascular que le ocasionó una hemiplejia y una afasia total. Su marido, pensionista de 72 años solicitó la ayuda para poder pagar a la interna que habían decidido contratar. Esta mujer llegó a España hace dos semanas a través de un programa que España tiene acordado con algunos países; en concreto con La República Dominicana, para que mujeres de esos países puedan venir a España a trabajar en el servicio doméstico. Este matrimonio tiene cuatro hijas adultas, que trabajan fuera de sus casas y están formando cada una, su familia. Hasta aquí todo normal.
La semana pasada, una trabajadora social del centro de salud, visita a esta familia para valorar a la mujer dependiente y les plantea que no pueden recibir la ayuda de 500€ por las siguientes razones. En primer lugar, la ayuda no se le concede a la persona dependiente, sino a la persona que cuida de ella. Ningún problema, el marido solicita la ayuda a su nombre. Pero ahí viene la trampa. La ayuda se concede a aquellas personas que cuidan a un familiar y no cotizan a la seguridad social. Como el marido es pensionista, no puede recibir la ayuda. Sigue sin haber problemas. Se decide que la chica que ha entrado, y que aún no está dada de alta -por cuestiones burocráticas- sea la beneficiaria de la ayuda (a fin de cuentas, el dinero iba a ir destinado a pagar parte de su sueldo). Pero hay un segundo requisito para recibir la ayuda; y es estar empadronado en la localidad de residencia, al menos un año, si no se posee la nacionalidad española.
Después de todos estos “inconvenientes” una termina preguntándose dos cuestiones. La primera es cuánto tiempo va a tardar en salir enmiendas a una ley mal enfocada y que parece sacada con prisas con vistas al próximo encuentro electoral. La segunda y la que más me indigna es el verdadero objetivo con el que está diseñada la ley. A priori parece que está destinada a ayudar a las personas dependientes y a sus familiares. Pero no quiero pensar que el hecho de que las condiciones sean estar en desempleo (pues si ya cotizas no puedes beneficiarte) y ser español o residente al menos con un año de antigüedad, no encubren el propósito de bajar el número de parados. Que desciendan las listas del paro como efecto colateral no me parece mal. Lo que me parece una basura es que se utilicen a los dependientes y a sus familias para conseguir los objetivos electoralistas que de otra manera no han podido cumplir. Yo, francamente, no entiendo una ley de dependencia que no tiene como primer y único objetivo proteger a la dependiente.

A partir de este momento, padres y madres, están desautorizados para hacer uso de la cachetada como medida educativa, coercitiva o punitiva. Voy a arriesgarme con lo que voy a decir y puede que piensen que la que teclea estas letras es una defensora a ultranza del castigo físico o de la paliza como medida para educar a un hijo; nada más lejos de la realidad. Yo solo quiero plantear algunas dudas, creo que razonables, a una de las últimas propuestas del actual gobierno.
Por supuesto que el castigo físico no es medida para educar a nadie; afortunadamente, atrás quedaron los tiempos en los que te enseñaban las tablas a golpes de regletazos en las palmas de las manos. Atrás quedaron también los tiempos en los que podían mandarte a callar en clase y sacarte al pasillo en volandas suspendido sólo por una de tus orejas. Del pasado es que tu padre te castigue golpeándote el muslo con la hebilla, tantas veces como cates trajeras en las notas. El castigo físico sólo funciona si lo que queremos es formar cobardes y maltratadores. Pero a mí entender, una cachetada no es maltratar a nadie. Una cachetada es que te pillen mordiéndote las uñas y te “inviten” a sacarte la mano de la boca. Una cachetada es dar un golpe inocente en el culete para hacer que nuestro pequeño de 5 años vaya un poco más rápido. Una cachetada, como dice la ONU, no es denigrante ni humillante ni entorpece el desarrollo físico y psicosocial de la persona. No al menos bajo mi punto de vista. Ahora tendré que luchar contra mi instinto de protección y dialogar con mi hijo de 3 años cuando lo vea meter los dedos en el enchufe. Pensaré que estoy cometiendo un delito si lo zarandeo para que no se atragante o si lo aguanto con brusquedad para evitar que cruce la calle justo en el momento en que pasa un coche. Si mi hijo adolescente viene drogado a casa y me insulta o me levanta la mano, pobre de mí si intento defenderme.
Me parece que interpretar la cachetada como maltrato es sacar las cosas de quicio y contribuir a la indefensión de padres y educadores. Éstos cada vez con menos derechos y más obligaciones y los jóvenes con más argumentos para amedrentar a los mayores. ¿Denigrante una cachetada?, ¿humillante?, ¿entorpecedora de un correcto desarrollo? Dejemos ya la doble moralidad. En casa un padre no puede cachear a su hijo porque fomentaría una manera violenta de resolver conflictos, pero el hijo sí se puede llevar horas delante de un juego de ordenador bélico matando personas y poniendo bombas. Esto sí que contribuye a un óptimo desarrollo psicológico, emocional y social.

No sé que les parecerá a ustedes, pero a mí no me coge de sorpresa. Lo que sí me sorprende es que algunos políticos digan que la cosa no está tan mal como la pintan o que no estamos tan mal posicionados. En que la cosa no está tan mal, discrepo descaradamente. Y no está mal porque suspendan en las capitales de algunos países europeos o no profundicen en las fórmulas de los logaritmos neperianos. Está fatal porque los niños españoles no saben leer y escribir, o multiplicar y dividir. No les enseñan a analizar textos o a sintetizar la información de un tema. Si les parezco que estoy siendo exagerada, no tienen más que comprobar lo que ahora aparece en las últimas páginas de los temas de los libros de texto de primaria. En mis tiempos (y aunque parezca que soy la abuela cebolleta, no hace mucho de eso, pues yo todavía me atrevo con las temidas integrales y derivadas o los intragables problemas del teorema de Pitágoras) después de un tema tenías que resumir o hacer un esquema. Ahora dan por escrito el llamado “mapa conceptual” para que el estudiante escriba las tres o cuatro palabras que le faltan. Cuando yo iba a la escuela, los exámenes eran de dos o tres temas y ay de ti si no aprobabas. Ahora los exámenes son por capítulos – aunque algunos profesores tienen la osadía de examinar de un tema completo- y si lo suspendes no pasa nada. La semana que viene lo repites; y si ahí tampoco apruebas, copias el cuadro resumen y listo: “progresas adecuadamente”.
El otro asunto que me preocupa es el hecho de que argumenten que no estamos tan mal posicionados. Esto, sencillamente, puede verse de dos maneras. Si lo miramos desde una perspectiva fatalista, estamos en la posición 25 de un listado de 30 países. Yo creo que sobran los comentarios. Si lo miramos desde una perspectiva optimista, todavía estamos por encima de EEUU (que peor en educación no lo despachan). Pero este dato, más que tomarlo como una baza habría que tomarlo como una advertencia… como sigamos durmiéndonos en los laureles, vamos a terminar sacando “destaca” en ignorancia.

aparecida en las marismas huelvanas. La reina del cielo, el lucero del alba, la guía de los romeros, la reina de la mañana. Ése es el sentir generalizado en la aldea del Rocío cada mes de mayo. Todos los años igual, con el repiqueteo de campanas, la gente se arremolina y corren todos por verla; mientras los juncos de la orilla del quema, siguen cantando poemas.
Y aunque esto sea lo esperado, este año algo ha cambiado. Menos gente entre sus calles, menos gente saltando la reja, menos gente para llevarla. Este año los peregrinos han hecho un giro en el camino y en vez de pernoctar en las marismas de Doñana, han hecho noche en los santuarios de la operación malaya. Nace una nueva devoción, el cachuli y la pantoja, santos de la corrupción.

las imágenes de las visitas familiares y las institucionales, la cara del príncipe dando la noticia del feliz alumbramiento, la de la abuela emocionada porque le han puesto su nombre, la dulce imagen de la hermana mayor saludando y correteando hacia los periodistas. Si no bastaba con esto, ahora nos quedan especiales y más especiales de la detención de la Pantoja. Nos queda ver las imágenes de la folclórica entrando en los juzgados a cámara lenta una veintena de veces mientras los periodistas más entendidos en la materia se dan palmaditas en la espalda porque se ha terminado cumpliendo la profecía: “La Panto pagará por enamorarse del cachuli”, “Era cuestión de tiempo que la Pantoja terminara prestando declaración ante el Juez Torres (más famoso que el mismísimo Garzón)”. ¡¡Nos quedará Pantoja e Infanta para rato!!

ningún producto ni haya pagado por ningún servicio. Está claro que si no tienes ticket de compra no puedes reclamar nada. Pero yo insisto, me siento estafada, engañada y robada. El domingo me quitaron algo que todavía no me ha sido devuelto y que tendré que esperar hasta octubre para recuperarlo. ¡No hay derecho! Si te pasas en el consumo del agua, te penalizan. Si te dejas más luces encendidas de la cuenta, te llega el facturón descomunal. Si se te pega el teléfono a la oreja, y no eres del operador de la verdad verdadera, prepárate a temblar con la que te espera. Pero si el gobierno un país decide que hay que ahorrar y para ello te quitan una hora se sueño, te aguantas -por no decir algo peor- Desde el domingo, voy arrastrando los pies porque me falta mi hora de sueño, mi estómago anda al revés porque me falta mi hora de sueño, mi cabeza martillea mis sienes porque me falta una hora se sueño, no escucho el despertador por las mañanas porque me falta una hora de sueño. Y todo esto lo tengo que sufrir para ahorrar un irrisorio 4%.

puede desatar una tormenta en Nueva York, no es menos despreciable el efecto que puede tener la picadura de una avispa. Puede que os parezca surrealista, pero es real como la vida misma.
A las 8.30 de la mañana saco a pasear a mi perra y a la vuelta, justo cuando empiezo a desnudarme para meterme en la ducha, noto un pinchazo a la altura de la axila derecha. Un segundo pinchazo un poco más abajo, justo ahí. Empiezo el día con el picor y el enrojecimiento que supone que una avispa te pique una teta (¿como entró por la sudadera? Todavía me lo estoy preguntando). Después de esperar que se calme un poco, me visto y me preparo para salir al trabajo y soportar con infinita paciencia el paso por el “paquito” de Sevilla. Justo en el punto más alto, noto que el volante pierde estabilidad y que el coche tiende a ir a la derecha. Me paro en la bajada del puente, acojonada, y veo la rueda delantera derecha reventada. Llamo a la grúa y, mientras espero, se acerca un coche de la guardia civil para preguntarme si necesito ayuda. Debí estar muy graciosa con el ataque de nervios porque el señor se bajó con cara de pocos amigos, pero al final casi me pide el número de teléfono. Cuando el señor de la grúa cambia la rueda (o lo que quedaba de ella) me marcho al taller, con tan buena suerte que a la salida de éste me vuelve a parar la guardia civil para comprobar si llevaba puesto el cinturón de seguridad.
Al final, sólo han sido 60 euros del cambio de rueda, pero no me negarán que no es difícil que, en el transcurso de 3 horas, te pique una avispa, se te reviente una rueda y te pare 2 veces la benemérita. Bien merecido tengo acostarme y no levantarme hasta mañana.

concursantes que han pasado por las ocho ediciones de Gran Hermano y sus dos ediciones Vips; las cinco de Operación Triunfo; las dos de la casa de tu vida y de la isla de los famosos y la única de Hotel Glam, de Supervivientes y de la Cocina del Infierno. Yo, que conozco los entresijos de cada programa, me sentí feliz y dichosa la noche del domingo. Por fin un reality de verdad. Un reality que explora y pone a prueba los más loables valores del ser humano. Ya está bien de gente unida construyendo casas o de jóvenes de voz prodigiosa luchando por ganarse un puesto en el, cada vez más difícil, mundo de la música. Ya está muy manido el argumento de la convivencia o la supervivencia en situaciones extremas. Al fin, un reality escoge a la verdadera escoria de la sociedad: ladrones de bancos, gigolós, “actrices de telenovelas”, guardaespaldas extorsionadores, … y los mete en un búnker a decidir quién merece llevarse un premio de un millón de euros. Con este programa, la televisión recupera el sentido pedagógico que había perdido y nos enseña como aún se puede caer más bajo. Ya no importa lo vacía que esté mi vida o lo perdedora que me sienta. Ahora sé que si publicar fotos mías desnudas, junto a un reportaje en el que confiese que mantuve relaciones con Dani “el Sucio” en la misma disco en la que Chenoa invitó a salir a Soyaya, no tienen la credibilidad que se merece, siempre me quedará pasar por el detector de A tu lado. Y si Telecinco me cierra las puertas, Antena 3 seguro que me deja un hueco en el búnker de la vergüenza.

Señores, estamos en Enero, lo normal es que las temperaturas sean bajas y no las que hemos estado padeciendo. Creo que este temporal frío va a venir muy bien, no solo para refrescar el ambiente de cara a la inminente primavera, sino para enfriar los cerebros achicharrados de los asesinos que ponen bombas en medio de un proceso de paz. Para bajar los humos de los alcaldes especuladores y refrescar las celdas de las cárceles de Alhaurín y Jaén. Para aclimatar los procesos de integración sociocultural y frenar las luchas entre bandas juveniles antes de que tengamos que salir armados a la calle para comprar el pan. A veces me pregunto si el cambio climático es la consecuencia de la ineptitud e inutilidad del ser humano o la oscilación del clima es algo natural y el hombre no está preparado para adaptarse y lo único que hace bien es autodestruirse. Sea como fuere, ambas hipótesis deberían servir para reflexionar un poco sobre nuestra insignificante existencia.

Desde niña, recuerdo con total nitidez la estridente musiquilla que salía de todos los hogares el día 22 de Diciembre. Salía de mi casa porque no soportaba el ruido del bombo dando vueltas sin parar y me iba a la calle a escuchar de cada portal: “cientocincuentamiiiiiiiiiiiiiilpeeeeeeeeeesetaaaaaas. “ Hasta el mismísimo acababa el día 22. Todo el mundo histérico, ¿te ha tocado?, ¿ha caído algo? ¡Me ha tocado lo que he metido! Si lo analizamos fríamente, llegaremos a la conclusión de que somos una panda de hipócritas: si cualquiera de los 364 días del año nos toca un señor gordo que no conocemos de nada seguro que nos molesta pero el 22 de diciembre nos sienta de maravilla. ¿Y qué me dicen de que nos toque lo que hemos metido? Sin comentarios. Ya falta menos para saber cuantos y quienes son los agraciados y, para los menos afortunados, siempre quedará la esperanza de que toque algo en la infravalorada Lotería del Niño. ¡Feliz Navidad!

Menos mal que en Navidades tenemos todos los ingredientes para hacer realidad tan impresionante metamorfosis. Nada mejor que unas luces navideñas, en funcionamiento desde un mes antes, para recordar a nuestros seres queridos y demostrarle todo nuestro amor a través de costosos regalos que nos vemos obligados a pagar porque ¡es Navidad! Nada como sentarnos todos a la mesa a comer en 45 minutos lo que no comemos a lo largo del año por cuidar nuestra sufrida figura. Y todo esto lo engullimos por que ¡es Navidad! Nada como sentarte en el sofá después de una dura y larga jornada de trabajo y tragarte 20 minutos de anuncios sexistas de perfumes o absurdos juguetes. Y no cambiamos de canal porque ¡es Navidad! (y porque, casi con toda probabilidad, nos encontraremos los mismos anuncios en cualquier cadena). Yo no sé que opinan ustedes, pero a mí, la Navidad, hace tiempo que dejó de emocionarme para provocarme las mismas sensaciones nauseabundas que me producen la hipocresía y la intolerancia. Como dice el anuncio de la lotería: Es lo que toca. Toca gastar sin mesura, toca acordarnos de los niños pobres del tercer mundo durante un mes para luego olvidarlos, toca saludar y desear un año próspero a quien pisoteamos durante 364 días, toca engullir el doble mientras muchos siguen echarse nada caliente en el cuerpo. ¡Es lo que toca!.

Me pregunto que funciones les encomendará el Presidente pero hasta donde llega mi humilde conocimiento, las labores de la limpieza siempre han estado íntimamente relacionadas con quitar la mierda. Igual, la suciedad a la que se estaban enfrentando últimamente iba mucho más allá de fregar los suelos, mantener impolutos los despachos o desinfectar los inodoros. Igual, en la Moncloa se cuecen ciertos asuntos que dejan un olor fétido que ni los más potentes odorizantes puedan neutralizar. Igual, Zapatero quiere terminar a golpe de plumero ciertas negociaciones y confisca a sus empleadas sus útiles de trabajo o mucho me temo que está dispuesto a limpiar algunas manos de sangre en los baños del palacio. Es normal que se pongan en huelga, yo también me pondría. Una cosa es mantener limpio un palacio y otra muy distinta limpiar la carroña de unas negociaciones. Menos mal Presi que la huelga de tus 120 trabajadores ha finalizado, tu buen talante negociadora ha vuelto a dar sus frutos y otra vez huele a limpio y pulcro en la Moncloa.
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